July 28, 2009

¿Cuándo nos insensibilizamos?

¿Qué nos pasó? ¿En qué momento pasamos de ser pueblo a ser individuo?

Durante el fin de semana largo, una masacre sacudió nuevamente los noticiarios. En esta ocasión ocurrió en un lugar público durante horas de la madrugada y mientras comensales y clientes se encontraban dentro. La escena del crimen fue el restaurant El Taquito en Isla Verde. El lugar sirve de restaurant y en la noche se dan cita los jóvenes y turistas, puesto que está en plena Marginal Isla Verde.

Los sucesos fueron como siguen: Un hombre llega en una motora a eso de las 4:40 am al lugar y sin mediar palabra y mirar a los presentes abre fuego contra los individuos. Mató a 3 e hirió a una cuarta persona inocente que se encontraba en el lugar, luego de haber salido de su trabajo.

A pesar de que en lugar había gente, impera la ley del silencio. Nadie vio ni escuchó. Nadie coopera.

Esto me lleva al tema de este post, ¿en que momento nos insesibilizamos? ¿Cuándo dejó de importarnos el mal ajeno? Cierto es, la policía de PR no actúa correctamente, he escuchado personas que se quejan porque no le han brindado la protección necesaria o porque no escucharon su declaración. Pero, y me corrigen si me equivoco, hay líneas telefónicas a donde uno llama y dice lo que vio o escucho en carácter de anonimato. ¿No es eso una opción viable?

El problema de esto es que en muchos casos nos damos cuenta cuando afecta directamente. En la mayoría de estos casos, los familiares, madres, padres, hijos o la misma víctima reclama desesperadamente que los testigos hablen. Es entonces cuando se nos parte el corazón. Es horrible escuchar la historia de estas víctimas, directas o indirectas, suplicar por que se esclarezca el caso. Es penoso saber que alguien más escuchó o vió y que su declaración puede cambiar el curso de la investigación.

Cada vez que veo uno de estos casos, inevitablemente pienso, ¿y si fuera yo o uno de los míos? ¿Cómo reaccionaría si la víctima fuera mi madre, mi tía, mi prima, mi hermano o mi amigo? ¿Se imagina usted la impotencia que se siente, eso sumado al dolor de la pérdida. Saber que haya afuera alguien sabe y calla.

La ola de violencia sigue creciendo, pero si alguno tiene un granito de arena que aportar, ¿qué nos detiene? En parte creo que los criminales continuan haciendo de las suyas, porque saben que tienen cómplices. Sí, el silencio nos hace cómplices. A mí me dijeron de pequeña que tan pillo es el que roba, como el que ve robar y no hace nada. Pues quizás hace falta recalcar que tan asesino es quien mata como el que ve matar y calla. Y por matar podemos cambiar el verbo a violar, asaltar, chocar, golpear... En fin, póngamonos en el lugar de la víctima y de su familia que también son víctimas y que en muchos casos resultan más afectados que la víctima directa.

Seamos pueblo, no individuo. Vivir en la burbuja no nos va a salvar al contrario.

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